Cuando uno piensa en el Parque Arqueológico de Pompeya, es frecuente imaginar antiguas viviendas, calles de basalto desgastadas por el tiempo y frescos que narran la vida hace más de 2.000 años. Lo que muchos visitantes no saben es que, junto a fastuosas villas y edificios públicos, Pompeya también conserva pruebas explícitas de la vida privada y sexual de sus habitantes.
Uno de los lugares que mejor lo documenta es el Lupanar de Pompeya, un edificio que ofrece un claro ejemplo de cómo el eros y la vida cotidiana estaban profundamente entrelazados en la antigua Roma.
¿Dónde se encuentra?
Mapa de Pompeya: Regio VII – 18
Google Maps¿Qué se entiende por “Lupanar”?

La palabra “lupanar” procede del latín lupa, que significa “loba” y, en sentido figurado, “prostituta” Los lupanares (o burdeles) eran lugares destinados al placer sexual remunerado, presentes en toda la época romana.
En Pompeya se pueden encontrar varios, testimonio de la práctica generalizada. A muchos visitantes les fascina el Lupanar de Pompeya porque permite vislumbrar un aspecto íntimo y a menudo tácito de la sociedad antigua.
El edificio es un pequeño complejo de habitaciones donde las prostitutas ofrecían sus servicios a los clientes. Las inscripciones y frescos eróticos que aún se conservan en paredes y vestíbulos añaden detalles históricos y culturales de extraordinario interés.
Una mirada a la historia: del origen de “loba” al culto de Lupa

Antes de la época romana, en la cuenca mediterránea se practicaba lo que se ha dado en llamar “prostitución sagrada”, vinculada al culto de una deidad femenina, la diosa Lupa o “Gran Madre” Las jóvenes que participaban en estos ritos recibían el nombre de lupas.
Cuando estos cultos entraron en decadencia, el término “loba” y las prácticas relacionadas se trasladaron a la prostitución común y a los edificios designados para ello, es decir, los lupanares.
Con la llegada de la cultura romana, con la cultura romana, surgieron las fiestas de la Lupercalia, asociadas al dios Luperco y a los antiguos mitos fundacionales de Roma, vinculados también simbólicamente con la figura de la loba.
La prostitución también se consideraba una actividad bastante común en Pompeya, practicada de diversas formas: algunas mujeres ofrecían sus servicios dentro de domicilios particulares, otras regentaban o trabajaban en lupanares.
Uno de los ejemplos más conocidos se encuentra en el Regio VII, donde las inscripciones nos informan de figuras como Victor y Africanus, dos inquilinos que regentaban un burdel muy activo.
Difusión de las casas de placer en Pompeya

Antes de adentrarnos en los detalles del lupanar más famoso de Pompeya, cabe señalar que antes de la erupción del Vesubio en el año 79 d.C.había muchos lugares en la ciudad que ofrecían servicios sexuales a cambio de una tarifa.
Algunas fuentes modernas sugieren que había incluso más de treinta burdeles, lo que los hace especialmente numerosos en comparación con los 8.000 a 10.000 habitantes de Pompeya.
Sin embargo, no todos estos lugares eran grandes estructuras: a veces se trataba de una sola celda meretricia excavada en el interior de una una sola celda meretricia excavada en una taberna, separada de la calle por una simple cortina.
En estos minúsculos espacios, a menudo ocupados por una sola prostituta, las relaciones sexuales se desarrollaban con rapidez y discreción, aunque sin verdadera intimidad. En otras ocasiones, como puede observarse aún hoy a poca distancia de algunas tabernas, las habitaciones estaban situadas en el piso superior de los “bares” o pequeñas tabernas.
Otro fenómeno, no menos extendido, era el de las prostitutas que esperaban a sus clientes directamente en la calle, dispuestas a recluirse tras improvisados refugios. Algunas de ellas se detenían cerca de las murallas de la ciudad o en cementerios, como el de Porta Nocera, dando lugar a situaciones que, en muchos aspectos, se asemejan a las de los suburbios urbanos actuales. La zona del cementerio era también un lugar de citas clandestinas.
En un monumento funerario se encontró una inscripción burlona que denunciaba la traición de Hedoné a Pilades, utilizando palabras bastante crudas para mofarse de su marido traicionado.
El Lupanar oficial: Un buen ejemplo
Uno de los lugares más conocidos para comprender la dimensión cotidiana y la franqueza de las costumbres sexuales de la época es el Lupanar de Pompeya, situado en el Regio VII.
Esta estructura se alza en la esquina de dos calles y cuenta con una doble entrada, característica que facilitaba el flujo de clientela y, tal vez, garantizaba cierta discreción en la salida. El edificio tiene dos plantas, con pequeñas salas, o cellae, tanto en la planta baja como en la superior.
En el interior, el aspecto recuerda el de un pasillo al que se abren cinco pequeñas habitaciones. Las camas, simples mostradores de mampostería cubiertos con un colchón de paja, estaban pensadas para reuniones rápidas.
Las cortinas corridas permitían vislumbrar las actividades que se desarrollaban en su interior, y parece ser que -pagando- incluso era posible espiar las relaciones sexuales en curso.
La iluminación era tenue, a menudo proporcionada únicamente por pequeñas lámparas de aceite que dejaban hollín en las paredes.
En las paredes, además de pintadas con contenido explícito, hay restos de suelas con clavos, lo que demuestra que los clientes a menudo ni siquiera se quitaban los zapatos.
La decoración y los grafitis: un espejo de la vida cotidiana

Uno de los aspectos más fascinantes del Lupanar de Pompeya es la presencia de frescos eróticos en las paredes. Estas pinturas representan diversas posturas sexuales, pero no deben entenderse como un “catálogo” completo de tarifas.
Según algunos estudiosos, se trataría de figurae Veneris, es decir, de imágenes inspiradas en manuales eróticos similares al Kamasutra, ya conocidos en época romana.
Se trata, en esencia, de una decoración erótica apta para crear ambiente y evocar una imaginería familiar incluso en ambientes más refinados: muchas mansiones privadas disponían de pequeñas habitaciones dedicadas a los encuentros amorosos, adornadas con frescos de contenido similar.
Numerosos graffiti atestiguan una franqueza en el lenguaje que hoy puede parecer burda: frases como “Hic ego puellas multas futui” (“Aquí me he hecho muchas doncellas”) decoran todavía los muros.
Un grafito, interpretado por algunos estudiosos como prueba de prácticas anticonceptivas rudimentarias, parece en cambio proporcionar una pista sobre el uso de métodos anticonceptivos rudimentarios: el autor describe la sensación de “barro” en el interior, lo que podría referirse a un ungüento o “crema espermicida” mencionada en algunos textos antiguos (a base de aceite de oliva viejo, resina de cedro, zumo de limón o mirto).
En la sociedad romana no existía el concepto de “preservativo” tal y como lo entendemos hoy, y para evitar embarazos no deseados se solía recurrir a sistemas caseros o a costosas píldoras, fuera del alcance de las prostitutas más pobres.
Cómo funcionaba un burdel
La gestión de un lupanar estaba, a menudo, en manos de propietarios que utilizaban esclavas, a veces con nombres “exóticos” (generalmente griegos) para resaltar cierto encanto. Estas mujeres eran explotadas mientras su salud lo permitía, sin disfrutar de ningún derecho.
El ambiente en el interior distaba mucho de ser alegre: era un entorno ruidoso y abarrotado donde las relaciones se consumían rápidamente. Los clientes habituales pertenecían en su mayoría a las clases bajas (esclavos, libertos pobres), mientras que los ricos preferían invitar directamente a sus casas a prostitutas de rango superior.
En los espacios del lupanar, además del encuentro sexual, se podían encontrar pequeñas formas de entretenimiento, como observar otras relaciones “a escondidas” pagando una tarifa adicional.
Algunas entradas han sugerido que, además de las relaciones heterosexuales, también se practicaban relaciones homosexuales a cambio de una tarifa, en las que a veces participaban adolescentes.
Toda la organización del burdel tenía como objetivo el beneficio constante: las prostitutas eran meras “herramientas” y, desde el punto de vista económico, representaban pequeños “negocios” que reportaban dinero al arrendatario.
El juicio moral en la antigua Roma
Un elemento que intriga a los visitantes del Lupanar de Pompeya es comprender la percepción moral de la prostitución en el mundo romano.
Contrariamente a lo que podría pensarse, la actividad meretriz no se consideraba inmoral: se veía como una necesidad natural, y muchos romanos consideraban normal frecuentar los burdeles. Por supuesto, había “reglas no escritas”: los hombres debían mantener un papel “activo” para no mermar su virilidad.
Al mismo tiempo, se toleraban o incluso se fomentaban las relaciones sexuales con compañeros de rango inferior (esclavos, prostitutas).
En las familias acomodadas, la presencia de concubinas o la utilización de esclavas domésticas para satisfacer los impulsos sexuales constituía una costumbre, lo que explica que los lupanares fueran más frecuentados por las clases sociales más pobres.
Las relaciones homosexuales estaban muy extendidas, siempre que respetaran las mismas jerarquías de roles. En la práctica, la sociedad romana establecía normas de decoro de cara al exterior, mientras que lo que sucedía entre los individuos solía dejarse a su libre albedrío.
Cómo visitar el Lupanar de Pompeya

Para los turistas que deseen descubrir el Lupanar de Pompeya, es esencial planificar una visita. El edificio es relativamente pequeño y suele atraer a numerosos visitantes deseosos de explorar sus peculiares estancias. He aquí algunos consejos:
- Compre las entradas para el Parque Arqueológico de Pompeya con antelación. Puede hacerlo en línea o directamente en la taquilla, pero las colas pueden ser muy largas, sobre todo en temporada alta. Por este motivo, recomendamos comprar las entradas con antelación.
- Elija una visita guiada: muchos guías especializados hablan varios idiomas y ofrecen detalles interesantes no sólo sobre el Lupanar, sino también sobre los demás edificios de Pompeya, explicando cómo estaban integrados en la vida de la ciudad antigua.
- Estudie una ruta: Los mapas oficiales de las excavaciones de Pompeya destacan los principales edificios, incluido el Lupanar, situado en el Regio VII, a poca distancia de la Via dell’Abbondanza, una de las principales vías de la ciudad. Se puede llegar fácilmente desde las entradas de Porta Marina o Piazza Anfiteatro siguiendo las indicaciones del interior. Como se trata de un lugar muy famoso, podrá reconocerlo por el flujo de visitantes que esperan en la entrada.
- Preste atención a los carteles informativos: El Lupanar de Pompeya también es visitado a veces por grupos escolares. Hay carteles que indican la presencia de imágenes explícitas para informar a los menores acompañantes.
- Respete y cuide el yacimiento: a pesar de su contenido “picante”, el Lupanar sigue siendo un valioso yacimiento arqueológico. Los frescos y las estructuras murales no deben tocarse ni dañarse.
¿Por qué merece la pena visitar el Lupanar de Pompeya?

El Lupanar no es una mera curiosidad ni un lugar para satisfacer la fascinación morbosa por la antigüedad. Al contrario, es un fragmento esencial de la historia que arroja luz sobre aspectos a menudo pasados por alto por los libros de texto.
El edificio, con sus diminutas habitaciones, sus atrevidos graffiti y sus imágenes explícitas, cuenta la historia de la dimensión más ordinaria y cotidiana de Pompeya, a menudo eclipsada por la monumentalidad del Foro de Pompeya o los espléndidos frescos de las villas patricias.
Además, comparar esta realidad con la mentalidad actual permite reflexionar sobre cómo han cambiado los valores, las costumbres y la percepción de la sexualidad a lo largo de los siglos.
Para muchos visitantes, ver cómo se organizaba la prostitución en la época romana es una oportunidad para reevaluar los estereotipos sobre un pasado mitificado y descubrir que la ciudad no sólo estaba formada por ricos mercaderes y poderosos políticos, sino también por trabajadores, sirvientes, esclavos y prostitutas, cada uno con sus propias necesidades y funciones.
Una experiencia educativa y cultural
A pesar de la fama de provocación que a veces rodea al Lupanar, visitarlo es una forma directa de comprender lo rica y articulada que era la vida social en la ciudad romana.
La escritura en los muros, las pequeñas habitaciones de paredes ennegrecidas, los restos de lechos de mampostería… todos los elementos contribuyen a recrear un ambiente en el que la vida se desarrollaba sin demasiadas censuras, con tratos rápidos y prácticos.
La valoración moral que podríamos hacer hoy de esta estructura era muy distinto en la Antigüedad: la prostitución se consideraba una actividad lícita y funcional, y los burdeles en sí no suscitaban escándalo en la mente corriente.
Desde una perspectiva cultural, el Lupanar de Pompeya nos ayuda a ampliar nuestra comprensión de cuestiones como la condición de la mujer, la esclavitud, la sexualidad y la economía de la época.
Muchas de las mujeres que trabajaban en él eran esclavas o libertae, pero estas estancias también ofrecen pruebas de la autonomía femenina, con mujeres que dirigían sus negocios. Las estancias del lupanar, los graffiti y los frescos eróticos cuentan historias de poder, necesidad económica, relaciones humanas e incluso sueños y esperanzas en un mundo que, aunque remoto, aún nos parece vivo a través de sus restos materiales.
Conclusión
Si busca algo diferente durante su visita al Parque Arqueológico de Pompeya, el Lupanar de Pompeya ofrece una visión única de los aspectos más íntimos de la antigua sociedad romana.
Sin embargo, el ambiente real de los lupanares no tenía nada de romántico ni alegre: las chicas estaban esclavizadas, los clientes eran en su mayoría humildes y el entorno era a menudo poco iluminado, ruidoso y antihigiénico.
Mientras que los patricios ricos disponían de otros canales para satisfacer sus deseos, estos lugares seguían siendo el único recurso para quienes, como los esclavos y los libertos pobres, vivían en los márgenes.
Todo esto ocurría en la inconsciencia de la inminente catástrofe. El 23 de octubre del año 79 d.C., muchos pompeyanos estaban acostados, tal vez observando distraídamente la constelación de Escorpio en el cielo. Ninguno de ellos sospechaba que jamás volverían a ver un amanecer.
En la sugestión de la noche anterior, mientras una estatua de Venus se desploma y se rompe en pedazos, Pompeya se dispone a desaparecer, sumergida en un mar de ceniza y lapilli que la haría inmortal solo siglos más tarde.
Todos los fragmentos de la vida cotidiana, incluidas las loberas y las historias de amor, sexo y miseria que giraban a su alrededor, permanecerían enterrados, testimonio de una civilización que, para bien o para mal, nunca deja de sorprender.
Preguntas frecuentes sobre el Lupanar de Pompeya
El Lupanar de Pompeya es un edificio situado en el Regio VII del Parque Arqueológico de Pompeya, destinado a albergar un auténtico burdel romano. Aquí, en pequeñas habitaciones (o cellae) de dos plantas, se ofrecían servicios sexuales previo pago. El término “lupanare” deriva del latín “lupa” (que significa “prostituta”), y su presencia atestigua cómo el eros era parte integrante de la vida cotidiana en la antigua Roma.
Se encuentra a poca distancia de Via dell’Abbondanza, una de las principales vías de la ciudad sepultada por el Vesubio. Desde el Foro, camine unos 180 metros hasta encontrarse con el Vicolo del Lupanar (Callejón del Lupanar) a la izquierda; camine 80 metros por el callejón y llegará al Lupanar. Gracias al mapa del Parque Arqueológico de Pompeya, es bastante fácil localizarlo y acceder a él siguiendo las señales indicativas, partiendo de las entradas de Porta Marina o Piazza Anfiteatro.
El Lupanar ofrece una visión única de la vida privada de la antigua sociedad romana. En contraste con las villas patricias, repletas de suntuosos frescos, este lugar narra la vida cotidiana de los estratos sociales menos acomodados, sus relaciones interpersonales y la dinámica económica asociada a la prostitución. Comprender su función ayuda a percibir la verdadera dimensión de la cultura de la antigua Pompeya y la amplitud de sus costumbres.
El edificio está dividido en dos niveles, con pequeñas habitaciones dispuestas a lo largo de un pasillo. El primer piso se abría a cinco celdas equipadas con camas de mampostería, donde las prostitutas recibían a los clientes. La planta superior albergaba habitaciones adicionales, probablemente más privadas y destinadas a encuentros menos íntimos. La iluminación era escasa, proporcionada por lámparas de aceite, mientras que la doble entrada ayudaba a garantizar un flujo constante de clientes.
Las paredes presentan frescos eróticos que muestran escenas de relaciones sexuales en diferentes posturas. No se trata de un “catálogo” con tarifas, sino de decoraciones que recuerdan imágenes familiares en toda la cultura romana. Numerosos graffiti, a menudo en un lenguaje directo y colorista, atestiguan la frecuencia con la que se hablaba abiertamente de sexo. Estas inscripciones cuentan historias personales, ofrecen opiniones irónicas o relatan encuentros que tuvieron lugar en el interior del burdel.
En la sociedad romana, la prostitución se consideraba una actividad lícita y generalizada, vista como una necesidad social. El juicio moral contemporáneo no coincidía con el de la época: los burdeles (lupanaria) no suscitaban escándalo, y hombres de distintas clases sociales hacían uso de ellos. Sin embargo, muchas de las mujeres que ejercían la prostitución eran esclavas o libertas, sometidas a duras condiciones de vida y a menudo explotadas por el dueño del burdel.
Pompeya contaba probablemente con docenas de lupanares y pequeñas cellae meretriciae, a menudo alojadas en tabernas o tabernae. No todas eran grandes estructuras: algunas eran simples habitaciones con una cama de mampostería separada del paso público por una cortina. La prevalencia de estos lugares atestigua lo profundamente arraigada que estaba la prostitución en la realidad económica y social de la ciudad antigua.
El Lupanar de Pompeya presenta imágenes explícitas y referencias directas a la sexualidad. El acceso está permitido a menores únicamente si van acompañados por un adulto y bajo su responsabilidad, conforme a las indicaciones del Parque Arqueológico de Pompeya.
Antes de salir, se recomienda comprar las entradas a Pompeya por Internet para evitar las colas en taquilla. Una visita guiada a Pompeya con un guía titulado puede proporcionar información más detallada, contextualizando el Lupanar de Pompeya en el amplio panorama de las atracciones de Pompeya, como el Foro, el Macellum y la Casa del Fauno. Los guías suelen ofrecer detalles sobre las costumbres y tradiciones de la época, lo que enriquece la experiencia.
A partir de las inscripciones y las fuentes históricas, puede deducirse que los clientes podían pagar un suplemento para observar las relaciones de otros o participar en prácticas más complejas. El principal objetivo de este lugar seguía siendo el beneficio para los propietarios, que gestionaban tanto las relaciones heterosexuales como la posibilidad de encuentros homosexuales, aunque con roles rígidamente definidos por la ideología romana.
El Lupanar de Pompeya es la crónica de una realidad a menudo ignorada en los libros de historia: la esfera sexual y la vida de quienes no pertenecían a la élite. A través de los frescos eróticos, los graffiti y la propia estructura del edificio, uno comprende cómo las necesidades, los deseos y la dinámica social de la antigua Roma eran mucho más complejos de lo que podría sugerir un simple vistazo a los principales monumentos. Observando estas evidencias arqueológicas, uno reflexiona sobre las continuidades y diferencias entre el pasado y el presente, enriqueciendo su conocimiento de la antigua Pompeya y de la condición humana hace dos mil años.




